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Siniestro

En octubre de 1974, Augusto Pinochet promulgó el Decreto Ley 701, que fue firmado también por Julio Ponce Lerou, yerno del dictador, que para esos tiempos era Director de Conaf. Este documento subsidiaba en un 75% la forestación de predios, a personas naturales o jurídicas. De esta forma surge el imperio maderero liderado por los grupos Matte y Angelini, a través de sus empresas CMPC (Mininco) y Arauco, respectivamente. Esta regalía operaba en principio por sólo 10 años, pero su vigencia se fue prorrogando por el Estado hasta el año 2015.

 

Cuando las regiones de O'Higgins y el Maule fueron afectadas por incendios provocados por la acción humana durante el verano de 2017, se habló mucho de la relación entre el siniestro y las empresas españolas Faasa, Inaer y Martínez Ridao, licitadas para la extinción de incendios en el país por Conaf (nuevamente) y Onemi. Estas empresas habían sido investigadas por colusión en diversos países, incluso en el de su propio origen, pero acá operaban sin problema ya desde la administración de Sebastián Piñera.

 

Tras los incendios, la presidenta Michelle Bachelet anunció medidas económicas de mitigación, para favorecer a personas naturales o jurídicas afectadas en su producción, tales como condonación de deudas tributarias, cesión de créditos a tasas preferenciales, etc. Pero lo más llamativo es que se reactivó el subsidio a quienes reforesten la zona, sólo en la eventualidad que lo hagan con la especie Pino Radiata. Aún cuando este subsidio no va dirigido a los grandes productores, sino sólo a medianos y pequeños, es importante aclarar que éstos abastecen a las grandes forestales, quienes fijan el precio del producto, que compran a un nivel muy bajo respecto de las ganancias que generan.

 

La especie Pino Radiata si bien es de una producción muy llamativa, pues su crecimiento es rápido y su desarrollo generoso, es junto con el Eucaliptus, la responsable de la falta de humedad de los suelos, pues consume mucha agua, y lo que sumado a su naturaleza oleosa, la hace funcionar como un combustible muy efectivo. Y es su subproducto de celulosa el que la hace útil para ser explotada por empresas de los mismos grandes grupos económicos del país para la producción de papel, siendo también en ese aspecto ellos partícipes de importantes desfalcos al pueblo, como lo fueron las colusiones del papel higiénico y de los pañales.

 

Por otra parte, durante mayo de 2017 se dio a conocer las inversiones en el mercado accionario que posee el Partido Socialista, el que más dinero tiene y el de mejor representación en cargos influyentes de la política chilena, incluyendo la presidencia. Estas inversiones están puestas en diversas empresas del sector privado, entre las que destacan Arauco, propiedad del grupo Angelini, y SQM y Pampa Calichera, propiedad de Julio Ponce Lerou, el mismo que también ha financiado campañas políticas de candidatos de todos los sectores y pasados políticos, incluso de quienes habían visto a sus familiares morir por acción de la dictadura comandada por su suegro Augusto Pinochet. Así es como prevalece su régimen totalitario, la constitución abusiva, garante de la impunidad para algunos, y del castigo desmedido y permanente para el resto. ¿Vale la pena preguntarse quién gobierna este país?

 

Pero esta obra se da en la instancia de un taller, y tal como decía el Viejo Antonio en los cuentos de Durito de la Lacandona, escritos por el Subcomandante Marcos, la creación se hermana con la fiesta, pues es la fiesta lo primero que la divinidad crea, antes incluso que el tiempo, por eso en ella perdemos la noción de éste. Y la fiesta comunitaria chilena por defecto es el asado, la comunión transversal, que además de carne, se vale de los mismos elementos a los que acá nos referimos: madera y fuego. Entonces ¿a quién quemamos?. La respuesta es una: ¡A Ponce Lerou!. Así, en ese asado, en esa carne, ese vino en taza, esa risa y la cumbia sonando desde el parlante de un celular, va nuestro pequeño grito, el que dice que no nos hacemos parte de esta infamia que se mete en todos nuestros espacios, aunque no tengamos más salida que hacerlo sólo a modo de una simple metáfora visual.

 

 

(Fotos de "Siniestro", mayo de 2017, Centro Nacional de Arte Contemporáneo, Cerrillos, Santiago de Chile. Autoría colectiva de Luna García, Francisca Palma, Luciano Contreras, Francisca Álvarez, Ricardo García y Cristian Maturana)